Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna como a la casa de la infancia, a algunos días,
rostros, sucesos que supieron recorrer el camino de nuestro corazón.
Vuelven de nuevo los cansados pasos cada vez más sencillos y más lentos,
al mismo día, el mismo amigo, el mismo viejo sol.
al mismo día, el mismo amigo, el mismo viejo sol.
Y queremos contar la maravilla ciega para los otros, a nuestros ojos claros,
en donde la memoria ha detenido como un pintor, un gesto de la mano,
una sonrisa, un modo breve de saludar.
una sonrisa, un modo breve de saludar.
Pues poco a poco el mundo se vuelve impenetrable, los ojos no comprenden,
la mano ya no toca el alimento innombrable, lo real.












